Acreditación Institucional de Alta Calidad

UNIVERSIDAD MARIANA

CALIDAD

La calidad en la Universidad Mariana debe entenderse, ante todo, como un proyecto en construcción permanente a partir de consensos obtenidos por la comunidad académica y de construcción de planes de mejoramiento que dinamicen tanto los procesos de calidad como el sistema mismo previsto para la gestión académica y administrativa.

El concepto de calidad desarrollado por la Universidad apunta a dos sentidos íntimamente relacionados:

El primero, asume una posición práctica al señalar que la calidad tiene que ver directamente con el compromiso y la responsabilidad de la institución frente a la sociedad. Naturalmente que este primer sentido no se reduce al cumplimiento de los ideales y propósitos institucionales, sino que incluye el desarrollo de los fines educativos señalados en el marco legal, lo cual significa que la universidad evaluará y mejorará la calidad de su gestión y la de sus programas académicos conforme a: sus postulados y lineamientos, al concepto de calidad que ella misma señala, a las exigencias del contexto, y a los factores y características que agrupa y describe las agencias acreditadoras, por ejemplo, el CNA.

Desde esta lógica, la calidad debe estar presente en todos los elementos y componentes de la universidad como organización sistémica e incorporada en el quehacer y en el actuar de los estudiantes, profesores y empleados, lo cual genera una cultura personal que se centra en el concepto de calidad humana basada en valores y en un comportamiento ético. Igualmente, la calidad debe estar presente en los currículos, en las estrategias pedagógicas, en la evaluación y en las técnicas de enseñanza, en los procesos y procedimientos, en los recursos físicos y en la destinación de los recursos financieros, es decir, la calidad debe estar presente en todos los componentes que determinan los resultados o productos de su acción educativa incluyendo el éxito de sus egresados.

El segundo sentido, hace referencia a la satisfacción de las necesidades de los beneficiarios del servicio educativo; la universidad debe identificar los beneficios y las partes interesadas que conforman el entorno en el cual se desempeña, para establecer sus necesidades, intereses y requerimientos. Así mismo, la universidad debe considerar muy especialmente las expectativas de la sociedad: una formación integral con alta pertinencia científica y social, una investigación que produzca nuevos conocimientos para ser aplicados en la solución de problemas regionales y nacionales y una extensión o proyección de los saberes y conocimientos generados, apropiados y convalidados en su interior.

Optar por hacer las cosas bien exige una cultura de la calidad, que asume la autoevaluación y la mejora continua como principios orientadores de su acción y sostenibilidad.